Un comunicado disidente atribuido al medio opositor sabaothiano Red Piece acusa a la policía secreta de Sabaoth —los Nakhielim del Árbol Ocular— de convertir la detención psiquiátrica, la vigilancia mágica y la legislación psicomántica en armas para desmantelar la disidencia. El documento, fechado el 2 de Metatrón de 1791, denuncia una arquitectura invisible de coerción: el diagnóstico como veredicto, el “tratamiento” como castigo, y la propia memoria como frontera en disputa.
El Estado Socialista de Sabaoth lleva tiempo presentándose como modelo de colectivismo ordenado: objetivos de producción finamente calibrados, producción cultural cuidadosamente comisariada y la cadencia constante de consignas que prometen armonía sin sobresaltos. En ese relato oficial, el Árbol Ocular es un dosel protector: un entramado de seguridad integrado que identifica el sabotaje, se adelanta a la violencia y protege al colectivo de “contagios psíquicos” que pondrían en peligro la cohesión social. Red Piece, un medio disidente que opera en el exilio y de forma clandestina dentro de Sabaoth, ha hecho circular ahora lo que denomina una “advertencia de contrabando” dirigida a trabajadores y cuadros intermedios. La pieza es abiertamente propagandística en tono e intención, y se presenta a la vez como acusación y como llamada a la acción. Su tesis central es de gran calado: los Nakhielim no serían solo un órgano policial, sino una institución diseñada para remodelar la vida interior —pensamiento, afecto e identidad— mediante una combinación de control mundano y práctica oculta sancionada por el Estado.
El comunicado no aporta pruebas documentales, nombres de cargos en ejercicio ni expedientes judiciales. Se apoya, en cambio, en patrones presuntos, referencias a métodos concretos y descripciones vívidas de prácticas de detención. Aun así, la publicación ha atraído la atención en redes clandestinas porque enlaza miedos dispersos —la vigilancia, la “atención” obligatoria y la experimentación nigromántica— en una única acusación coherente.
El arranque del documento delimita a su audiencia: “Trabajadores de Sabaoth”, interpelados a la vez como testigos y como posibles cómplices. Los redactores sostienen que el ritual público —el “Canto de los Trabajadores”, las ceremonias en los centros de trabajo, las conmemoraciones de victorias productivas— se ha convertido en una máscara que oculta “sótanos sin luz” donde supuestamente se tramita la no conformidad política. Red Piece afirma que el Árbol Ocular es algo más que un dispositivo de vigilancia. En su relato, es un motor doctrinal que redefine la disidencia como enfermedad. El mecanismo, sostienen, es tanto burocrático como místico: una doctrina que convierte un juicio evaluativo en una categoría administrativa, y una categoría en una condena.
Las ceremonias oficiales del Estado suelen servir de fachada para las operaciones clandestinas de los Nakhielim. Crédito: Kenomitian
El comunicado cuida un matiz importante: no retrata a Sabaoth como un caos. Al contrario, dibuja al Estado como clínicamente preciso. Esa precisión se presenta como el horror: un aparato que no necesita juicio público porque puede desviar a los indeseados hacia instituciones etiquetadas como terapéuticas.
En la retórica pública de Sabaoth, los Nakhielim suelen describirse como guardianes de la continuidad social. Red Piece rechaza ese encuadre y propone una metáfora más dura: jardineros de un “jardín podrido”, encargados de arrancar las “malas hierbas”.
Los disidentes de Red Piece describen a la policía secreta no como guardianes, sino como «jardineros» que purgan a la población. Crédito: Kenomitian
La elección del lenguaje no es casual. En el discurso político sabaothiano, el colectivo se imagina a menudo como un organismo y sus ciudadanos como células. Red Piece intenta invertir esa metáfora, sugiriendo que cualquiera que rechace la uniformidad ideológica pasa a ser etiquetado como enfermedad. El instrumento alegado es el propio Árbol Ocular, descrito como una “red extensa de vigilancia mundana y mágica”. Red Piece sostiene que la red opera en múltiples niveles: patrullas visibles, tramas de informadores, rastros de papel y un estrato esotérico que incorpora Telegnosis (visión remota y lectura mental) y Psicomancia (control de la mente y manipulación de la memoria) a las labores de seguimiento. En este marco, la intimidad no solo se vulnera: la interioridad se trata como territorio estatal.
Las acusaciones sugieren el uso de la Telegnosis para tratar los pensamientos privados como territorio estatal. Crédito: Kenomitian
Una de las acusaciones centrales es que el Árbol Ocular se utiliza para generar “perfiles de personalidad” que pueden convertirse en armas. Esos perfiles, afirma Red Piece, se emplean para justificar detenciones no por lo que una persona haya hecho, sino por lo que el Estado declara que esa persona es.
Las alegaciones más detalladas del comunicado se centran en el sistema psiquiátrico de Sabaoth. Red Piece sostiene que el “Abuso de la Psiquiatría” se ha normalizado: que la medicina se ha convertido en herramienta de coerción, y que las etiquetas psiquiátricas se despliegan para sortear el Estado de derecho. En el relato disidente, la jugada decisiva es un concepto presentado como trampa diagnóstica: una categoría elástica que puede aplicarse a prácticamente cualquier expresión de desacuerdo político. Red Piece la describe como un cargo que recodifica la crítica en patología: ya no una postura, sino un síntoma. Una vez categorizado, el individuo sería derivado a un Hospital Psiquiátrico Especial y retenido durante un “periodo de duración indefinida”, despojado de sus garantías procesales porque ha sido reclasificado como paciente y no como ciudadano.
El lenguaje de Red Piece es absoluto, pero la acusación de fondo es concreta: el Estado podría sustituir la autoridad judicial por autoridad psiquiátrica, eludiendo juicios públicos y reemplazándolos por “evaluaciones” selladas, administradas bajo supervisión de los cuerpos de seguridad. El texto alega que los Hospitales Psiquiátricos Especiales de Sabaoth no están sometidos, en la práctica, al control de los ministerios civiles de sanidad. En su lugar, sostiene que estas instituciones se encuentran alineadas con la seguridad interior, con una cultura de pabellón diseñada para castigar y quebrar antes que para tratar y rehabilitar.
Los «hospitales psiquiátricos especiales» de Sabaoth son instituciones similares a fortalezas diseñadas para el confinamiento, no para la sanación. Crédito: Kenomitian.
El comunicado describe una estructura en la que los “políticos” se mezclan con delincuentes violentos, generando un entorno de intimidación permanente. Denuncia el uso de fármacos y procedimientos de choque como herramientas disciplinarias, no como intervenciones médicas. También describe una casta de auxiliares de pabellón coaccionados o reclutados —reclusos a los que se cede poder informal sobre otros internos— empleada para crear una negación verosímil de la violencia. El objetivo del documento no es solo provocar horror. Pretende fijar una lógica: si la disidencia puede transformarse en enfermedad, la coerción puede transformarse en cuidado. En esa conversión, el Estado esquiva la imagen de la represión mientras preserva sus efectos.
Fuentes disidentes afirman que el Estado utiliza «tratamientos» coercitivos para transformar la disidencia política en enfermedad psiquiátrica. Crédito: Kenomitian.
El punto en que el comunicado se vuelve marcadamente esotérico es su énfasis en la legalidad alrededor de la Psicomancia. Red Piece afirma que las leyes de Sabaoth regulan estados interiores —intención, creencia, “desadaptación”, alineamiento ideológico— como objetos de gobierno. Bajo un régimen así, el Estado no se limita a castigar actos; patrulla texturas mentales. El documento sugiere que la Psicomancia se trata como una ciencia administrativa: un instrumento para la clasificación, la conformidad y la gestión del riesgo. La Telegnosis, en el relato disidente, se convierte en el puente entre la vigilancia y el juicio: la pretensión epistemológica de que el Estado puede conocer al yo privado lo bastante como para corregirlo.
Red Piece sostiene que el marco resultante fomenta la prenoción. Si las autoridades aseguran detectar el “pensamiento erróneo”, pueden justificar la intervención antes de que se produzca acto alguno. Ese es el miedo más profundo que recorre el comunicado: que el concepto estatal de delito no sea la conducta, sino la desviación.
Red Piece reconoce implícitamente —siquiera por el ejemplo— que no se trata de un informe neutral. Está concebido para movilizar. Emplea invocaciones, consignas repetidas y la cadencia de un manifiesto. Se sitúa como voz de la clase trabajadora mientras nombra enemigos en términos simbólicos: jardineros, parásitos, ojos en la oscuridad. Esto importa a los lectores que evalúan su credibilidad. La propaganda puede revelar verdades, pero también aplasta los matices. El documento de Red Piece ofrece un relato totalizador en el que todas las instituciones quedan integradas en un único mecanismo de control. Apenas deja espacio para fricciones burocráticas, intereses contrapuestos o disensos internos entre profesionales que pudieran resistirse al abuso.
Al mismo tiempo, el estilo sirve a un propósito táctico: sortear el miedo. Un informe prudente y lleno de matices puede resultar fácil de ignorar. Una denuncia dramática es más difícil de olvidar, especialmente en una sociedad donde el olvido puede ser inducido, representado o impuesto. Es probable que el texto se siga difundiendo precisamente porque condensa múltiples angustias en una sola acusación: la vigilancia, el cuidado forzado y la colonización de la mente. Queda por ver si sus afirmaciones más graves pueden corroborarse.
Lo que sí resulta claro es el conflicto inmediato que la publicación agudiza: quién posee el lenguaje de la salud, la seguridad y el bien colectivo. Si la disidencia se convierte en diagnóstico, el Estado puede reclamarse compasivo mientras practica la coerción. Red Piece intenta recuperar ese lenguaje nombrándolo como violencia. En los próximos días, los observadores estarán atentos a indicios de represión: apagones de red, súbitas “inspecciones de bienestar” o nuevas campañas de lealtad en centros de trabajo y escuelas. También vigilarán señales más discretas: traslados apresurados, reasignaciones sin explicación y la ausencia repentina de un compañero que “necesitaba descanso”.
Para Sabaoth, el desafío no es solo si se creen las afirmaciones de Red Piece. Es si llega a haber suficientes personas que empiecen a sospechar que el Árbol Ocular no solo les observa, sino que está reescribiendo lo que significa estar sano.







